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TEMA III

CANTIDAD VOCÁLICA Y SILÁBICA. EL ACENTO LATINO. REPERCUSIÓN EN EL VERSO Y EN LA PROSA. LA PERVIVENCIA DEL ACENTO LATINO EN LAS LENGUAS ROMANCES PENINSULARES.

 

I.                    CANTIDAD VOCÁLICA Y SILÁBICA.

1.1.            CANTIDAD VOCÁLICA.

1.2.            CANTIDAD SILÁBICA.

1.3.            REGLAS GENERALES DE LA CANTIDAD.

II.                 EL ACENTO LATINO.

2.1.            NATURALEZA DEL ACENTO LATINO.

2.2.            EL PROBLEMA DE LA INTENSIDAD INICIAL.

2.3.            REGLAS GENRALES DE LA ACENTUACIÓN LATINA Y APARENTES EXCEPCIONES.

2.4.            ACENTUACIÓN DE LAS PALABRAS GRIEGAS EN LATÍN.

III.               REPERCUSIÓN EN EL VERSO Y LA PROSA.

 

IV.              PERVIVENCIA DE LA COLOCACIÓN DEL ACENTO EN LAS LENGUAS ROMANCES PENINSULARES.


I. CANTIDAD VOCÁLICA Y SILÁBICA.

            1.1 CANTIDAD VOCÁLICA.

            La cantidad era el tiempo que se tardaba en pronunciar una vocal. Según este rasgo las vocales latinas pueden ser largas o breves. Los gramáticos latinos decían que las largas duraban el doble que las breves, una mora, las largas equivalían a dos breves. Modernamente se sabe que la diferencia de duración es mayor. En los idiomas modernos, donde la diferencia de cantidad no es tan importante como en latín, ej. el español, la diferencia oscila entre 20 y 4 centésimas de segundo. En alemán e inglés puede alcanzar una larga hasta 40 centésimas de segundo. Ésta sería la cantidad natural: la que tiene una vocal por naturaleza. Pero también puede ocurrir que una vocal breve por naturaleza, sea larga por posición; es decir, ve cambiada su cantidad en función del contexto fónico. Es lo que llamamos cantidad prosódica o silábica.

            1.2. CANTIDAD SILÁBICA.

            Antes de hablar de la cantidad, hay que hacer algunas consideraciones previas sobre la sílaba, naturaleza y definición.

            Seassure hizo ver que el límite silábico está allí donde se pasa de la implosión a la explosión. Pero en realidad la sílaba no puede definirse por un criterio único; llegándose, incluso, a negar su existencia. Bassols en Fonética Latina dice que " la determinación del punto en que se dividen las sílabas contiguas ofrece especiales dificultades tratándose de una lengua como la latina, que sólo nos es conocida a través de la escritura ". Además añade " Las normas que sobre este particular nos transmiten los antiguos gramáticos deben aceptarse con muchas reservas... no son más que calcos del griego". op. cit. 239. No obstante da más normas:

     1º. El límite silábico de una vocal seguida de otra independiente (sin formar diptongo) está entre ambas vocales: de-a.

     2º. Una sola consonante entre dos vocales se agrupa silábicamente con la segunda: le-go.

     3º. Los grupos consonánticos formados por oclusiva seguida de vibrante o líquida forman sílaba con la vocal siguiente: pa-trem.

     4º. Dos consonantes diferentes o iguales se agrupan, la primera con la vocal precedente y la segunda con la siguiente: ag-ger.

     5º. En grupos de tres consonantes, la primera y la segunda formaban sílaba con la vocal precedente y la tercera con la siguiente: emp-tum.

     6º. En los grupos de tres consonantes en los que las dos últimas son muda + líquida, éstas se agrupan con la vocal siguiente y la primera consonante con la precedente: spec-trum.

            El silabeo de las palabras compuestas venía determinado por el grado de cultura de los hablantes, pues los gramáticos antiguos aconsejaban una división etimológica, así como por el ritmo de la conversación. En cuanto a la cantidad, una sílaba podía ser breve o larga. En general se considera breve si no tiene más que una vocal breve en sílaba abierta: le-gô; y es larga, en primer lugar, cuando contiene una vocal larga o diptongo: prae- tor; en segundo, cuando contiene una vocal breve seguida de una o más consonante, excepto si son muda más líquida.

            1.3. REGLAS GENERALES DE LA CANTIDAD.

Para enmarcar estas reglas, haremos dos grandes apartados, atendiendo respectivamente a la naturaleza y a la posición.

A)    LARGAS POR NATURALEZA.

1º. Todos los diptongos: ai (ae), au, ei, eu, oi (oe), ui: aedes, Caesar, paulo, augustus.

2º. Las vocales procedentes de diptongo: occīdo < occaedo, explōdo < ex plaudo.

3º. Vocales procedentes de contracción: cōgo < coago; nēmo < ne homo.

B)     LA CANTIDAD DE LA POSICIÓN.

1º. Tiene cantidad breve toda vocal seguida de otra vocal, aunque entre ellas vaya intercalada una h. Es la tradicional vocalis ante vocalem corripitur: Danăus, mĕus. Excepto:

a)      fīo y todas las formas de este verbo que no tienen r: fīam, fīebam, etc. pero fĭerem.

b)      La e del genitivo y dativo de la 5ª declinación cuando va precedida de otra vocal: diēi.

c)      La a y e del genitivo y vocativo de los nombres en -aius y -eius: Pompēi, y lo mismo en los dativos y ablativos plural de la 1ª y 2ª declinación en -āis y -ēis y en los nominativos de plural de la 2ª en -ei: Bāis, Plebēi.

d)      La i de los genitivos en -ius es común o indiferente: illĩus.

e)      Las palabras dīus y ēhu.

f)        La a de la 1ª declinación de los genitivos arcaicos en -ai, pues no forma diptongo con la i: terrāi.

g)      En las palabras derivadas del griego como: Thesēus, herōus, Troes.

2º. Alargamiento por posición. Se dice que una sílaba es larga por posición cuando está formada por una vocal breve seguida de:

a)      Dos consonantes. Frecuentemente se cuentan también como consonantes i y u semivocales: mōrs, cūrrus, tēnuis.

b)      Una de las consonantes dobles: x (= c + s) y z (= d + s): āxis, gāza. Pero se considera el qu- como una consonante simple.

c)      La i semivocal colocada ante otra vocal: ēius, āius, porque su pronunciación era doble [maiior]. Este alargamiento por posición también se produce cuando las consonantes pertenecen una al final de una palabra y otra al comienzo de la siguiente: ād mare. Sin embargo, no se produce el alargamiento de vocal breve final de palabra aunque la siguiente comience por dos consonantes o por consonante doble, excepto el grupo gn: sideră specta.

3º. Positio debilis. El grupo muda (c, ch, g, t, th, d, p, ph, f, b) más una líquida (r, l) en prosa no alarga la sílaba breve precedente, pero en poesía constituye le llamada positio debilis, que confiere a la vocal precedente cantidad anceps y se rige por las reglas siguientes:

a)      Si la vocal es larga por naturaleza, no hay positio debilis, sigue siendo larga: orāclum.

b)      Si la consonante muda es final de palabra y la líquida inicial de la siguiente, la posición es siempre fuerte, es decir, la vocal breve se alarga: āb rumpo, amāt litteras.

c)      Si la vocal breve se encuentra en final de palabra y la palabra siguiente comienza por muda más líquida, la sílaba permanece breve: roborĕ promunt urbĕ fruunt.

1.3.1. CANTIDAD DE LAS SÍLABAS FINALES.

En sílaba final abierta

a)      Tienen cantidad larga:

1º) Las finales en a: amā, circā, suprā, con excepción de:

            a) hēiă, ită, quiă y el imperativo pută;

            b) nominativo y vocativo de la 1ª declinación y los plurales neutros: rosă, naută, mariă.

2º) Las finales en i: cuī, campī, amavī, con excepción de:

a) vocativo y dativo de los nombres griegos: Daphni, Paladi, Alexi;

            b) la i de nisi, quasi, sicubi, necubi;

c) es anceps la i de los dativos de los pronombres personales: mihĩ, tibĩ, sibĩ, ubĩ, ibĩ.

3º) Las finales en o: bellō, amō, dō, con excepción de:

a)      ego, duo, cito, modo, imo;

b)      la o de los verbos scio, nescio, puto y volo.

4º) Las finales en u: tū, luctū, diū.

5º) Los monosílabos terminados en vocal: dē, mē, nē, prō, etc. con excepción de las enclíticas -que,

-ne, -ve, que forman unidad con las palabras en que se apoyan.

b)      Tienen cantidad breve:

1º) Las finales en e: laudare, dicere, domine, facile, ante, quoque, con excepción de:

a)      los ablativos de la 5ª declinación: diē, rē, y sus compuestos;

b)      los imperativos de la 2ª conjugación: monē, ridē;

c)      los adverbios derivados de adjetivos en -us: indignē, valdē, doctē.

d)      Los adverbios ferē, fermē;

e)      Los pronombres monosilábicos, mē, tē, sē, la conjunción nē y la preposición dē;

f)        Las palabras derivadas del griego que tenían h: Niobē, Anchisē.

En sílaba cerrada

Tienen cantidad larga: las finales en -c: āc, hīc (adv.), hūc, illīc, con excepción de:

a) nec y donec;

b) tienen cantidad anceps: hĩc y fãc.

Tienen cantidad breve: las finales en b, d, l, m, n, r, t, con excepción de:

a)      las finales en -l:  sāl, sōl, nīl, y los nombres hebreos: Daniēl, Michaēl, etc.

b)      las finales en -n: nombres en -en que hacen el genitivo en -nis: liēn, rēn (lenis, renis) y los monosílabos nōn, quīn, ēn; los nombres griegos con desinencia -an, -en, -in, -yn, -on;

c)      las finales en -r: monosílabos fūr, fār, vēr, lār, pār y sus compuestos; palabras griegas que tenían h: aēr, cratēr;

d)      las finales en -t: cuando dicha letra va precedida de un diptongo o de otra consonante: aūt, amānt.

Cantidad de las sílabas finales en –s

Tienen cantidad larga:

1º. Las finales en -as: rosās, amās, fās, tempestās, con excepción de:

a)      los nominativos de origen griego con genitivo en -adis: Palăs, lampăs;

b)      los acusativos de plural de origen griego: Troăs, heroăs;

c)      los sustantivos anăs y văs.

2º. Los finales en -es: vulpēs, Anchisēs, nubēs, con excepción de:

a)      los nombres que tienen la penúltima breve en el genitivo como segĕs, milĕs, hospĕs; pero son largas a pesar de todo: Cerēs, ariēs, abiēs, pariēs, pēs y sus compuestos;

b)      la preposición penĕs y la segunda persona del verbo esse y sus compuestos: ĕs, abĕs, potĕs;

c)      el nominativo y vocativo de plural de los nombres que proceden del griego: Tracĕs.

3º. Los finales en -os: librōs, illōs, nepōs, con excepción de:

a)      compŏs, impŏs, ŏs;

b)      los nominativos griegos en ómicro: chaŏs, Samŏs, Rhodŏs, etc.;

c)      el neutro melŏs y genitivos como Paladŏs, Arcadŏs.

Tienen cantidad breve:

1º. Finales en -is: orbĭs, trisĭs, bĭs, ignĭs, con excepción de:

a)      dativos y ablativos de plural: templīs, nobīs;

b)      la segunda persona de singular del presente de indicativo de la 4ª conjugación: audīs;

c)      los nominativos en -is de la 3ª declinación que tienen larga la sílaba final del tema: Salamīs;

d)      la segunda persona en -is  del subjuntivo cuando procede de la contracción de -eis: sīs, velīs, malīs, nolīs;

e)      los adverbios gratīs, forīs y los monosílabos līs, vīs (fuerza), dīs (ditis), glīs.

2º. Finales en -us: vetŭs, unŭs, illiŭs, opŭs, etc. con excepción de:

a)      las desinencias en -us de la 4ª declinación, menos el nominativo;

b)      el nominativo singular de los nombres de la 3ª declinación que tienen la penúltima larga en el genitivo: virtūs, palūs, salūs, incūs;

c)      las palabras iūs, rūs, pūs, mūs, sūs;

d)      los nombres griegos que tienen el diptongo ou en el nominativo: panthūs, Melampūs, Mantūs.

II. EL ACENTO LATINO.

El acento está en todas las lenguas íntimamente relacionado con la intensidad y con la altura. El acento, según Gili Gaya, es “un esfuerzo intencional que realza determinadas sílabas sobre otras de la misma palabra o frase”. El acento se llama musical, cromático o de elevación, cuando la sílaba acentuada se pronuncia elevando la voz en un tono musical más alto. El acento se llama espiratorio, intensivo o dinámico, cuando la sílaba acentuada se pronuncia con más fuerza. Éste resulta de las vibraciones de las cuerdas vocales.

            2.1. NATURALEZA DEL ACENTO LATINO.

Respecto a la naturaleza del acento latino existen dos opiniones fundamentales, con diferentes y variados matices; esta división de opiniones ha dado lugar a que se hable de dos escuelas, denominadas “francesa” y “alemana”.

            La llamada escuela francesa defiende la teoría del acento musical. Sus partidarios afirman que el primitivo acento i.e. era libre y musical; consistía en un tono o acento de altura, y el ritmo de la lengua era cuantitativo, lo que parece excluir la hipótesis de una intensidad independiente de la cantidad. Aquel acento i.e. fue continuado en época histórica por un acento también musical, que se mantuvo entre el s. II a. C. y el IV de nuestra era aproximadamente. Consistía en que la sílaba se pronunciaba un tono más elevado, sin ninguna diferencia en la fuerza de la articulación.

            Para la escuela alemana no existe más que una clase de acento: el de intensidad.

            Es importante la hipótesis de Schmitt, que emitió la teoría de la centralización. Según ella, el acento tiene como misión poner de relieve una sílaba respecto de las demás. El acento de intensidad varía de unas lenguas a otras en cuanto a su fuerza. En las de acento fuerte, la sílaba acentuada se convierte en centro de palabra, e incluso, en ciertas lenguas, puede convertirse en centro de la frase. Ahora bien, el tono o acento musical, no puede tener efecto centralizador. Si el tono se une con un acento de intensidad, será la intensidad y no el tono lo que servirá para centralizar la palabra. Llama Schmitt “fuertemente centralizadas” a las lenguas de fuerte acento espiratorio y “débilmente centralizadas”, a las otras. Según esta teoría, el acento musical no existe, y el latín sería una lengua más centralizada que el griego, lo que equivale, en la teoría de Schmitt, a calificarlo de intensivo.

Otros investigadores, R. G. Kent, Abbott, Walde y Stolz, admiten la existencia de un acento musical en latín, pero tan sólo en las capas altas de la sociedad y por influencia de los primeros preceptores de los romanos que eran todos griegos. Frente a este influjo helenizaste de las minorías cultivadas, la lengua popular conservó el acento intensivo durante todo el período clásico. Por eso no es raro que, a partir del s. IV, con el decaer de la cultura, comenzara a desaparecer definitivamente el acento musical, pues una nueva aristocracia, salida del pueblo, difundía su modo de hablar. Las pruebas de este cambio son, en resumen:

1)      el acento de intensidad de las lenguas romances;

2)      el testimonio de los gramáticos, que, a partir del s. IV, señalan el carácter intensivo del acento;

3)      las numerosas faltas de los poetas en la versificación al vacilar entre los esquemas cuantitativos tradicionales y la realidad de la lengua, que consideraba como largas las sílabas acentuadas.

2.2. EL PROBLEMA DE LA INTENSIDAD INICIAL.

Algunos lingüistas, de ambas escuelas, suponen que durante un período de la historia del latín preliterario existió un acento de intensidad que afectaba a la primera sílaba de las palabras. Esta teoría fue iniciada por Dietrich para explicar las debilitaciones y síncopas de las vocales interiores y finales. Posteriormente recibió un apoyo definitivo de parte de Vendryes y fue popularizada por trabajos de Pisani y Niedermann.

Este acento de intensidad inicial no era para los partidarios de la escuela francesa más que un simple acento secundario, que se desarrolló paralelamente al otro acento de origen i.e. Así pues, según los partidarios de esta escuela, el acento musical clásico habría sustituido a la intensidad inicial primitiva.

En un principio Meillet aceptó la teoría, pero posteriormente, él mismo y otros partidarios de esa escuela, negaron la existencia de ese acento inicial de intensidad. Según ellos, dicha intensidad no era propiamente un acento, ni siquiera secundario, sino que consistía en que la sílaba inicial se pronunciaba con mayor claridad y más lentamente que las otras. En consecuencia, no admiten que los debilitamientos de las vocales interiores (ley de Corssen) se deban a un acento de intensidad inicial.

En cambio, los partidarios de la escuela alemana ven en este acento intensivo inicial un apoyo para su teoría del acento clásico intensivo, y, en consecuencia, admiten un cambio de posición, pero no de naturaleza. Para ellos el acento inicial no es más que una fase intermedia entre el acento musical i.e. y el acento espiratorio de la época histórica. El acento principal cargaba al principio sobre la primera sílaba, con un acento secundario sobre la penúltima o antepenúltima; posteriormente este segundo acento pasó a ser principal (sobre todo en palabras de más de tres sílabas), y el inicial pasó a ser secundario.

Sobre el origen de la intensidad inicial hay tres hipótesis:

1ª) el latín la recibió como herencia del griego;

2ª) es de origen etrusco;

3ª) se desarrolló espontáneamente en latín.

Más difícil aún que conocer el origen de la intensidad inicial resulta precisar la fecha de su desaparición. Según unos, ocurrió antes del comienza del período histórico; según otros, sobrevivió a la ruptura de la unidad romana. Como pruebas de que la intensidad inicial seguía viva en el período en que el latín se individualizó, se aducen las siguientes:

1ª) que en los dialectos antiguos no hay restos de apofonía y en latín sí;

2ª) que antiguos grecismos presentan el debilitamiento de la vocal interior: talentum, Massilia;

3ª) la versificación de los poetas escénicos, que habrían intentado hacer coincidir el ictus  con el acento gramatical y acentuaban sobre la cuarta sílaba, comenzando por el final, las palabras del tipo UUU~: fácilius, séquimini.

A.     DATOS A FAVOR DE LA INTENSIDAD INICIAL

O        Explica satisfactoriamente el debilitamiento de las vocales breves internas y finales, cuyas consecuencias pueden ser: a) apofonía: conficio/facio; b) síncopa: pono por pos(i)no; c) abreviamiento de las vocales en final de sílaba: amat < amāt.

O        Analogía con la prosodia del osco que para notar la cantidad larga en la primera sílaba duplica la vocal.

O        Analogía con otras lenguas occidentales.

B.     DATOS EN CONTRA DE LA INTENSIDAD INICIAL

M   La intensidad inicial no sólo habría producido debilitamientos esporádicos, sino generalizados, al recalcar la importancia de la sílaba inicial sobre las demás.

M   Resulta muy difícil explicar el acento de intensidad inicial si se admite un acento histórico musical, porque entre este acento y el primitivo acento i.e., también musical, habría que intercalar un período de acento intensivo.

M   El ritmo del latín no parece haberse regido en sus comienzos por la intensidad de la sílaba inicial.

2.3. REGLAS GENERALES DE LA ACENTUACIÓN Y APARENTES EXCEPCIONES.

1ª) LEY DEL TRISILABISMO. El único acento existente en latín no puede colocarse más allá de la sílaba antepenúltima.

2ª) LEY DE LA PENÚLTIMA. Si la penúltima es larga (por naturaleza o posición) sobre ella recaerá el acento: amícus, legúntur; si es breve, se acentúa la antepenúltima: légimur, dóminus.

3ª) LEY DE BARITONESIS. En las palabras de dos sílabas el acento cae siempre sobre la primera, porque las palabras latinas, en principio, nunca son agudas: páter, cónsul.

EXCEPCIONES. Más aparentes que reales.

1.      PALABRAS OXÍTONAS. Los pocos ejemplos eran en principio palabras acentuadas en la penúltima y cuya última sílaba desapareció en época posterior a la definitiva fijación del acento:

1.1.            Por apócope de -e: a) palabras compuestas con la enclítica -ce o -ne: illíc < illíce; audín < audísne; b) las formas del imperativo de los compuestos de dico y duco: addíc < addíce, addúc < addcúce y la forma olfác < alfáce.

1.2.            Por síncopa de -i-: el nominativo singular de los temas en dental cuyo nominativo es en -as o -is y el genitivo en -atis o -etis: Arpinás < Arpināt(i)s, Arpinātis.

1.3.            Por síncopa de -ui-: en los perfectos del tipo audít < audíuit.

2.      PALABRAS ENCLÍTICAS. El acento del grupo fonético total caía siempre sobre la sílaba final de la palabra fundamental, aunque fuese breve: viríque, armáque. No obstante, cuando el nexo enclítico desaparece en la conciencia de los hablantes, y el conjunto fónico se considera como una palabra de valor nuevo y unitaria, esta nueva palabra cae otra vez bajo la ley de la penúltima: útinam, ítaque.

3.      COMPUESTOS DE FACIO. Llevan el acento en la penúltima calefácit, benefácit, frente a otras formas de acentuación normal, cónficit, por influencia del simple, ya que la soldadura no debió ser muy fuerte porque en autores arcaicos aparecen separados: bene facit en Catón.

4.      PREPOSICIONES. Normalmente las preposiciones formaban unidad fonética con la palabra siguiente, pero no podía recibir el acento aunque las reglas de la acentuación lo hubieran exigido, a no ser que fueran colocadas en anástrofe. Se acentuaba, pues, ad fórum, no ád forum.

2.4. ACENTUACIÓN DE LAS PALABRAS GRIEGAS EN LATÍN.

Suele señalarse que el latín literario prefiere la acentuación latina y que en vulgar permanece la griega; pero lo razonable y lo cierto, es el fenómeno inverso, puesto que el vulgo, cuando recoge voces extranjeras, las acentúa conforme al carácter prosódico de su propia lengua.

            En el período arcaico, las palabras griegas se acentuaban generalmente al modo latino. En Plauto, cuya lengua es de marcado sabor popular, se declinan las palabras griegas a la latina, pero ya en otros poetas de su tiempo aparecen formas con declinación griega, que poco a poco irán ganando terreno en escritores posteriores.

En época clásica y en los primeros siglos del Imperio, se acentuó a la griega o bien a la latina, según prevaleciera la escuela nueva o arcaizante o simplemente aprovecharon sea naturaleza híbrida de las palabras griegas en latín para acentuar según su conveniencia.

III. REPERCUSIÓN EN EL VERSO Y EN LA PROSA.

            Al desaparecer en la lengua la oposición cuantitativa y mantenerse en la versificación la oposición larga/breve como base métrica, el acento, ya intensivo, es la causa de que se produzcan errores en la versificación al tomar como larga una sílaba breve, pero acentuada. La noción de sílaba larga y sílaba breve fue sustituyéndose poco a poco por la de sílaba tónica y átona. Y, al desaparecer en los hablantes la facultad de percibir la duración de las sílabas, se perdieron los esquemas métricos que permitían sustituir una larga por dos breves. Este cambio afectó tanto a la prosa como al verso; la prosa métrica fue así degenerando en prosa rítmica, y las cláusulas métricas dieron paso a las cláusulas rítmicas, que reciben el nombre de cursus.

Para Cicerón y Quintiliano la esencia del período es el criterio rítmico y el sintáctico-semántico secundario, con la pérdida de la diferencia -/u las cláusulas con esquema silábico-acentuales pasan a un plano secundario y la esencia del período es el criterio sintáctico-semántico.

La noción de sílaba larga y sílaba breve fue sustituyéndose poco a poco por la de sílaba tónica y átona. Y, al desaparecer en los hablantes la facultad de percibir la duración de las sílabas, se perdieron los esquemas métricos que permitían sustituir una larga por dos breves. Este cambio afectó tanto a la prosa como al verso: la prosa métrica fue así degenerando en prosa rítmica, y las cláusulas métricas dieron paso a las cláusulas r´timicas, que reciben el nombre de cursus.

 

 

 IV.PERVIVENCIA DE LA COLOCACIÓN DEL ACENTO EN LAS LENGUAS ROMANCES PENINSULARES.

            De cualquier modo que haya sido la evolución del acento en su recorrido del latín al romance su lugar no ha cambiado y esta estabilidad es un hecho capital. La sílaba que en latín estaba acentuada sigue siendo, por regla general, la cumbre rítmica de la palabra romance, no obstante los accidentes fonéticos sufridos por la vocal en la que recae: duôdecim > dódici, doce; cîvitâte > it. cittá, esp. ciudad, fr. cité, cat. ciutat.

            Por otra parte, las lenguas románicas dan fe de in cierto número de desplazamientos del acento debidos a causas de orden fisiológico o psicológico:

     1º. Normalmente el grupo oclusiva + r no hace posición. La cualidad libre de la sílaba delante de oclusiva + r está confirmada por la evolución de la vocal: patre, mater > père, mère; pare, mare. Ahora bien, la penúltima con vocal breve seguida de oclusiva + r ha atraído sobre ella el acento en palabras como integrum, tenebrae, colubra... Las lenguas romances han conservado las formas paroxítonas: entero, tinieblas culebra.

     2º. Las vocales i y e en hiato dejan de estar acentuadas en beneficio de la vocal subsiguiente que, más abierta, atrae el acento sobre sí y como consecuencia de este desplazamiento del acento se cierran, se consonifican o se relajan:  mulierem acentuado muliérem > mujer.

                                                                  parietem        "        pariétem > pared

     3º. Cuando el acento se halla sobre el prefijo de un verbo compuesto, se traslada al radical por analogía con el verbo simple.



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